Presentación

   


Después del desconcierto derivado de un siglo de desesperanzas y fracasos, en donde los vaticinios sobre el fin de la historia no ocurrieron, afortunadamente, las esperanzas surgen de nuevo. No obstante, para que esto ocurra se requiere una redefinición de las formas de compromiso social, incluso, de lo político, de la ética y de la cultura. En efecto, es urgente y necesaria una psicología que se interese e intervenga en los procesos psicosociales que lleven a liberarse de las limitaciones y opresiones características de la sociedad actual, para encaminarse a la adquisición del control y el poder de cada persona y cada colectividad sobre sí mismas, que la comprensión de las circunstancias de la vida puede hacer posible, para transformarlas y desarrollar así una identidad social distinta: no la de víctimas sino la de actores y realizadores.

El incremento en la pobreza y el ensanchamiento de las desigualdades sociales en los países de América Latina generan el desarrollo de movimientos intelectuales y políticos que no se contentan sólo con denunciar las consecuencias que tienen estas situaciones de opresión social, sino que además se caracterizan por promover la búsqueda de explicaciones y alternativas para esas condiciones económicas, políticas y sociales. En este sentido, las diferentes prácticas que la psicología asume deberían proponerse y desarrollar, otras psicologías cuyo carácter crítico, social y político resida en su pertinencia para responder a los urgentes problemas y necesidades que presentan las sociedades latinoamericanas, que trasciendan las explicaciones desarrolladas desde el poder actual: la clase política gobernante, las diferentes instancias que constituyen al Estado, los partidos políticos, los empresarios, las empresas trasnacionales y, en general, las elites, que generalmente culpabilizan a las víctimas de su condición.

A lo anterior, también ha contribuido el hecho de que en buena parte de la psicología que se produce y ejerce prevalecen aproximaciones parciales y prejuiciadas, sobre todo, por su marcado psicologismo, su vacío social y/o su falta de precisión conceptual. Los psicólogos incidimos en muchas áreas y ámbitos de la vida social, de hecho nos encontramos en muchas partes realizando diversas actividades: evaluación, diagnóstico, planeación, intervención, docencia, asesoría, consultoría, investigación. Sin embargo, hasta ahora la psicología como ciencia y profesión no ha demostrado el suficiente compromiso ante las problemáticas sociales, culturales, políticas, económicas, ideológicas, éticas y psicosociales que padecen la mayoría de la población, tanto a nivel regional y local como a nivel mundial.

Todavía hay muchos desencuentros entre el ejercicio profesional de la psicología y las múltiples realidades sociales. Es frecuente que el trabajo profesional de los psicólogos reproduzca relaciones efímeras y circunstanciales que se constituyen en estilos de vida, precarios y frágiles y derivan en subjetividades parcializadas, alienadas e ideologizadas.

El desarrollo de esas subjetividades impide reconocer que la desgracia ajena puede ser la propia. El ensimismamiento multiplica y eleva los grados de neurosis en la población, un proceso de decadencia social: seres mezquinos, miserables, carentes, ambiguos, egoístas, sujetos del deseo inmediato, presa fácil de la corrupción y las relaciones de complicidad; sin ética, indiferentes, indolentes, que se multiplican a gran escala, en serie, irreflexivamente, indistintamente, como efecto del capitalismo globalizante.

Hay tendencias de la psicología que sólo ofrecen medidas paliativas, modos de adaptarse a la modernidad, o de plano ser funcional al sistema. En muchos casos, el ejercicio profesional de los psicólogos favorece y mantiene las diversas formas de explotación y exclusión social. No se advierte que el ejercicio profesional de la psicología constituye un verdadero poder que no siempre se ejerce en beneficio de los usuarios de los servicios psicológicos, sino sólo en cuanto estos proveen o refuerzan la estabilidad laboral o económica, la seguridad o el prestigio, sin importar la calidad realmente ofrecida.

Estos aspectos corroen y corrompen una perspectiva distinta, orientada por una verdadera vocación de servicio a las comunidades, grupos y personas vulnerables, así como también dirigida a la creación de bienes sociales de interés público. Por ejemplo, los problemas que enfrenta la práctica clínica o de carácter privado deberían traducirse en políticas públicas e institucionales para el mejoramiento del ámbito de la salud integral, no sólo mental; lo que a su vez repercutiría en cuestiones relativas a los derechos humanos y la calidad de vida de los grupos y las comunidades, sobre todo de aquellas excluidas y de los más empobrecidos.

Se requiere que la psicología asuma un compromiso crítico y social, que cuestione, reflexione y proponga otras psicologías, otras prácticas, otros ejercicios profesionales, otros procesos de formación de psicólogos. Para contribuir a hacer realidad la utopía de un nuevo mundo posible, es fundamental hacer posibles otras psicologías. Organizarnos progresivamente, compartir experiencias y trabajar en conjunto.

En esta perspectiva, en la realización del VIII Congreso al encuentro de la psicología mexicana y el IV Congreso Latinoamericana de Alternativas en Psicología se han conjugado los esfuerzos y el interés de diversas instituciones, asociaciones y organizaciones de las siguientes entidades de nuestro país, Baja California, Chihuahua, Coahuila, Estado de México, Distrito Federal, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Veracruz, Yucatán y Zacatecas. Además, contamos con la participación de representantes de diferentes países: Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Cuba, Estado Español, Guatemala, Italia, Nicaragua, Perú, Portugal, Suecia, Uruguay, Venezuela y México. Todas y todos participaremos del programa de actividades que se ha organizado a través de:

Esperamos que las aportaciones, experiencias, resultados y discusiones que se generen en estas diferentes actividades, nos permitan seguir avanzando en la conformación de otra psicología, esto es, hacia la construcción de un mundo posible.

A través de las anteriores ediciones de estos congresos ya hemos avanzado en esa dirección, logrando constituir la Unión Latinoamericana de Entidades de Psicología (ULAPSI), la cual tiene programado su II Congreso Latinoamericano de Psicología para los día 12 a 14 de septiembre de 2007 en La Habana, Cuba. Asimismo, es importante hacer énfasis en la confluencia de los psicólogos latinoamericanos a través de la realización de los Seminarios Internacionales Diálogos con la psicología latinoamericana y la convocatoria al VIII Congreso Internacional Psicología Social de la Liberación, que se realizará del 8 al 10 de Noviembre del 2007, en Santiago de Chile. Estas iniciativas en conjunto constituyen una manifestación más del movimiento de los psicólogos latinoamericanos por responder de manera comprometida ante los problemas de desigualdad, injusticia, pobreza, desempleo, inseguridad, defensa de los recursos energéticos, democratización, represión, violación a los derechos humanos, violencia, esto es, con el propósito de luchar por una vida social, emocional y psicológicamente sana y más humanizadora.

Seguramente en este IV Congreso Latinoamericano de Alternativas en Psicología se abrirán nuevos caminos para que, a través del respeto, el diálogo, la construcción de una nueva ética, la solidaridad, la cooperación, el intercambio de experiencias y la integración, podamos enfrentar de mejor manera y cada vez más organizados los efectos negativos que las llamadas políticas modernizadoras y neoliberales han producido en todo el mundo. Seamos todas y todos bienvenidos.


José Joel Vázquez Ortega

Presidente del Comité Organizador